»
NOTICIAS / AGENDA
PRIMEROS PASOS DEL COLEGIO MENÉNDEZ PELAYO
El proyecto de construir una residencia universitaria fue llevado a cabo por la Asociación de Antiguos Alumnos del Colegio San José, con el fin de que los bachilleres que salían de dicho colegio se hallaran protegidos en la nueva y difícil vida universitaria.
El primer paso fue la búsqueda de una sitio que tuviese las óptimas condiciones para establecer en ella la Residencia. Se decidió por una hermosa casa que, aunque no era muy grande, se encontraba situada en la misma plaza de la Universidad. Se empezó a dar los primeros pasos para conseguirla, pues se daba la casualidad de que se encontraba cerrada desde algún tiempo. Exponiendo el caso a los dueños de la citada casa, éstos entregaron la misma a cambio de establecer anualmente algunas becas universitarias. Así se cumplía la voluntad de Doña Magdalena Herrero, hermana de los dueños, de llevar a cabo becas universitarias aquí en Valladolid donde su esposo Don Arsenio Misol había sido Catedrático y Vicerrector. En estos primeros pasos pareció verse constantemente la mano de Dios por la aparente facilidad de la consecución de los hechos.
Fue el 30 de Diciembre de 1933 cuando se firmaría el convenio perpetuo entre ambas partes. Ya se tenía definitivamente fundada nuestra Residencia Universitaria "Menéndez Pelayo", a la que se le había dado, desde el principio, este glorioso nombre, por ser uno de los hombres más representativos de nuestros ideales en la formación de los jóvenes y porque en la Universidad de Valladolid fue donde se graduó.
Difíciles fueron estos tres primeros cursos por las circunstancias tan críticas por las que pasó España en ellos, con la implantación de la República y las consecuencias que ello traía para la Iglesia. Además se sumaba la difícil tarea de recaudar los fondos necesarios para la instalación de nuestra Residencia y su acomodación. Se fue reuniendo el capital suficiente como para ir acomodando la casa mediante las obras necesarias, al mismo tiempo que se iban construyendo los muebles uniformes para todas las habitaciones.
La mayor parte de los residentes fundadores acababan el Bachillerato en el Colegio, por tanto eran noveles en la Universidad, que se presentaba entonces agitada. Éstos tuvieron que sufrir las consecuencias de la transformación política que trasformó la vida de nuestro país y que provocaron momentos muy difíciles para nuestro colegio tras la disolución de la Compañía de Jesús e incautación de todos sus bienes entre ellos nuestro Colegio de San José. También trataron de incautarse de esta Residencia, pero como vieron que no era propiedad de la Compañía y que quien la dirigía y administraba era la Asociación de Antiguos Alumnos, sociedad legalmente construida, no tomaron contra ella ninguna represalia.
LA RESIDENCIA DURANTE LA GUERRA CIVIL
El curso de 1935-36 se abrió ya con gran inquietud por la situación política en que se hallaba toda España. Refiriéndome sólo a Valladolid y a la Universidad, cada vez se sentía más este malestar. Los estudiantes o alumnos casi todos los días terminaban en peleas, sobre todo por las tardes, en el paseo de la calle de Santiago. Después de las elecciones se exacerbaron más los ánimos y se pensó que no se terminaría el curso pacíficamente pero, al fin, se liquidó y se marcharon los alumnos quedando la residencia vacía.
En los tres cursos siguientes no se abrió la Universidad, pues estábamos en guerra, teniendo los alumnos que marchar a la misma. Gran parte de este periodo la residencia quedó vacía, sirviendo en ocasiones de Residencia de alumnos del Colegio de San José, ya que estaban concentrados en él ciertas fuerzas militares y no podían desenvolverse bien.
Como Valladolid era un centro tan influyente en la marcha de la guerra, fue también objeto especial del ataque militar. Merece la pena destacar la bomba de aviación que cayó cerca de la Residencia, dañándola mucho. Las repercusiones en los estudiantes y el personal fueron mínimas, siendo la Residencia la más afectada, teniendo que reparar y arreglar casi todas las ventanas de la fachada, varias puertas incluyendo la principal, algunos muebles y tabiques interiores , y por supuesto, casi todos los cristales de la casa.
También repercutió en la vida normal de la Residencia la quema o incendio de la Universidad. Tal vez la bomba que cayo junto a nuestra Residencia, iba ya dirigida contra la Universidad, donde se reunieron ficheros y datos de cierta importancia. La residencia se vio abarrotada de muebles y objetos que habían sido sacados de la Universidad y que trataron de salvar al apagar el fuego, pues era sitio más próximo y adecuado donde pudieron hacerlo y, naturalmente, se ayudó todo lo posible en semejante catástrofe.
Terminada finalmente la guerra, se fue ordenando poco a poco la vida de la Residencia, reiniciando su funcionamiento. Esto ocurrió en el curso académico 1939-40. Con gran ilusión y llenos de esperanza se comenzó la propaganda y anuncio del próximo curso, especialmente entre todos los antiguos alumnos del Colegio que volvían a la universidad, ya que les urgía terminar pronto su carrera, interrumpida bruscamente por la terrible guerra pasada. Tampoco se olvidó de aquellos que empezaban de nuevo la carrera, por lo que se llenó enseguida y no se pudo atender a muchas peticiones.
Una vez reparada y preparada la casa de los efectos de la bomba y matriculados todos los alumnos, se empezó el nuevo curso con bastantes dificultades de todo género, especialmente por el nuevo ambiente que se respiraba en la sociedad.
Tras la finalización de la guerra civil, el sostenimiento material de la Residencia, es decir su abastecimiento, era especialmente difícil, con racionamientos, cartillas, compras de estraperlo, busca de alimentos a los centros de producción del campo, fábricas, etc.; siendo una de las grandes dificultades que se tuvieron, pero eso no quitó el entusiasmo por llevar a cabo el proyecto total de Residencia deseado desde años atrás.
Se adquirió con no pequeñas dificultades los números 3 y 5 de la calle de Ruiz Hernández, siendo imposible conseguir el 1 de la misma calle, la Farmacia, por estar intervenida por el Estado (según dijeron). Se hicieron algunas gestiones para la compra de la casa adjunta en la Plaza de la Universidad pero no se pudo conseguir por el excesivo precio que por ella se pedía. Por último se consiguió unos metros de jardín que lindaba al de la residencia, y que pertenecía al edificio que daba a la calle de don Juan Membrilla. Con estas compras se consiguieron 4000 metros cuadrados de terreno; y teniendo la esperanza de poder ampliarlos en el momento oportuno.
Se hicieron en la residencia las obras convenientes con el fin de adaptarla para acomodar nuevos alumnos. Esto se realizó rápidamente, aunque por partes, ya que estaba ocupada por varios alumnos.
Se elaboraron distintos proyectos para la construcción de una nueva residencia, pero la guerra en Europa seguía, lo cual impidió que los principales cooperadores siguieran en su intento, no habiendo más remedio que suspender la operación. Entre los proyectos merece la pena destacar los realizados por Don Manuel López. Uno de los motivos que influyó lo suyo en la realización de nuevos proyectos sobre la Residencia, fue la muerte del Presidente de la Asociación de Antiguos Alumnos del Colegio de San José, Don Juan Duro González, el que mayor ilusión tenía por desarrollar la perfección total de la Residencia Menéndez Pelayo.
En los años ochenta la residencia pasa de ser propiedad de los antiguos alumnos del Colegio San José, a la Compañia de Jesús de la provincia de castilla. Se permutan los terrenos que ocupaban de cara a la plaza de la Universidad por una nueva ubicación en la calle Ruiz Hernández, en un edificio de nueva construcción con 120 plazas de colegiales y tiene un nuevo régimen jurídico el de Colegio Mayor adscrito a la Universidad de Valladolid. Desde ese momento de han llevado a cabo mejoras y reformas en las instalaciones, para la mejora de los servicios del Colegio Mayor, de cara a los residentes del mismo, y procurando que exista un espíritu de funcionamiento dentro de la institución, desde la participación y colaboración, que genere un ambiente de amistad y compañerismo que favorezcan el desarrollo académico y humano del colegial residente.